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Despedida

Su piel era blanca y despedía un suave fulgor en la oscuridad. Sus ojos brillaban, anticipando sus movimientos. Él estaba atado a un travesaño de la cabecera de la cama. Se olía su temor y su excitación. En su cabeza sonaba una alarma. Temía ser devorado por ella. ¿Quién lo diría?, pequeña y delicada, muy femenina y poderosa. Le recordaba a las mantis religiosas, preparándose para la copulación, para después, devorar a su pareja.

Sus manos se posaron en su torso húmedo. Lo acariciaba con la punta de sus filosas uñas. La espalda masculina se arqueó. Sus manos pequeñitas llegaron hasta su cuello, masajeándole la base de la nuca. Un gemido escapó de su boca, mientras ella reía, con su expresión de diablo. El cabello rojo brillaba y sus ojos verdes como duras esmeraldas mostraban el reflejo de su propia expresión caliente y nerviosa.

- "Tal vez si no coopero, me deje ir" - pensó él - "ahora entiendo lo que es una violación para las mujeres".

¿Quién era ella? ¿Cómo llegó hasta allí? Solo recordaba que ella le acariciaba el rostro y unas palabras extrañas sonaban en sus oídos, no entendía qué idioma era, pero sonaba como rumano o algo parecido. Tal vez fue la música demasiado alta o tal vez su escote, demasiado bajo. Debería haber desconfiado desde el primer momento que la vió. Parecía un duendecito irlandés, puro ojo verde y pelo rojo. Mientras bailaban, le metió una mano dentro del pantalón. La observó divertido.

- ¿Qué haces?
- Quiero ir a otro lado - fue su respuesta. No hizo falta agregar más. Salieron y pararon el primer taxi que se cruzó por su camino. Ella le dió la dirección, una calle muy cercana a la morgue. Él empezó a preocuparse.

- ¿Dónde vamos?
- Donde vivo.

No hablaron más hasta que llegaron a un destartalado hotel. El conserje le dió la llave de una habitación en el tercer piso. Cuando llegaron, él intentó abrazarla, buscándole la boca. Ella con un gesto gentil pero autoritario lo rechazó.

- Ya vengo - entró en el cuarto de baño.

Él aprovechó para curiosear un poco. Nada indicaba que ella viviera allí, solo un par de cosas dentro de placard y un perfume sobre el toilette. Se tiró sobre la cama, pensaba que era la conquista más fácil de su vida... o mejor dicho él fue la conquista más fácil en la vida de ella, jajaja. Una grata modorra se apoderó de él. Sabía que tenía un sueño agradable, pero no llegaba a retenerlo. De pronto, algo lo hizo volver a la realidad, un fuerte pellizco en un pezón.

- Ahh!
- No seas blandito, que me gustan resistentes - fue la respuesta de ella.

La miró, se miró y no podía creerlo. El no recordaba haberse desnudado totalmente y menos que alguien lo hubiera atado a la cama. Forcejeó un poco, inútil, el nudo era imposible de alcanzar. Ella lo miraba divertida

- Tanto más tires, más se ajusta... Vos sabés entonces lo que tenés que hacer... ¿Querés quedarte sin circulación en las manos? - La miró y no pudo evitar que su miembro comenzara a crecer. Un body de red le cubría un cuerpo cubierto de curvas. Unos pechos blancos de impresionantes pezones rosados se venían a través del tramado. Botas negras hasta la rodilla... el sueño de cualquiera, bueno, en este caso, la pesadilla. Se acaballó sobre él, la perspectiva que tenía de ella era increíble.

- Me gustaría tocarte - dijo él, con un hilo de voz. Una bofetada lo silenció. La miró sin entender. Ella disfrutaba de eso. Una pervertida... pero eso no evitaba su erección, cada vez más grande, más poderosa. Se levantó, comenzó a caminar por la habitación, como buscando algo. Al fin lo encontró, un pañuelo negro con que tapó los ojos de él. Ahora si estaba a su completo capricho.

- ¡¡¡Tengo miedo!!! - gritó él.
- Mejor, me gusta el olor de la adrenalina.
- ¿Por qué me hacés esto?
- Y¿por qué no? - fue su respuesta.- Además, alguien aquí la está pasando muy bien - le acarició el pene con la punta de las uñas. Se estremeció.

Le costaba admitir que realmente lo disfrutaba. Sentía las manos de ella por todo su cuerpo, manos calientes. Ninguna parte se salvó, desde el cabello hasta la punta de los pies ella lo exploró. Lo más duro era no saber, no imaginar si la próxima sería una caricia o pellizco. Pronto se aburrió de eso y le sacó la venda. Lo miró con el pañuelo en la mano, como sopesando si lo amordazaba o no. Él trató de no mirarla. Sabía que si le rogaba que no lo amordazara, ella lo haría. Puso la mente en blanco y la cara sin expresión.

Había una palabra para describirla, sabía que la había. Rebuscó en su memoria. No era vampiro, pero se parecía bastante...

- ¡Súcubo! - gritó con fuerza. Ella le observó divertida. Sonrió como si la hubiera descubierto.
- ¡Estate quieto, tontito! - dijo con una voz baja y masculina. Él recordaba esa frase de algún lado. Sabía que alguien la había dicho antes y fue como si le leyera el pensamiento.
- En una película - dijo con suavidad, con su voz sexy y femenina.

Ella se puso nuevamente sobre él. Llenaba todo el panorama con sus pechos llenos, su cintura breve y sus amplias caderas apoyadas sobre su ingle. El body de red se corrió liberando sus pezones de color rosado oscuro. Él gritó, desesperado, rogando que lo soltara. Solo obtuvo un golpe en los tobillos con las botas negras de caña alta.

- ¡Yo doy las órdenes, nene! - dijo ella, mordisqueando su torso.

Él ya no habló más. No podía articular palabra. Cerró los ojos con fuerza y comenzó a saborear la excitación que subía desde sus pies hasta su miembro endurecido. Ella sonreía. Le besaba suavemente los labios y acariciaba su cabello con la punta de sus dedos largos y finos. Hasta parecía que las uñas se le habían alargado. "No es posible, las uñas no crecen en unos segundos" - pensó - "Aunque tal vez pasaron días..."

Excitación y miedo, placer y dolor. Desnudo y a su absoluta merced. ¿Qué clase de demonio era ella? ¿De dónde había salido? ¿Le parecía? o ¿Sus dientes se veían más afilados? ¿Sus ojos verdes brillaban tanto cuando se la cruzó en el pasillo de la disco? Ni siquiera recordaba su nombre. Ella lo atormentaba y eso era el secreto de tanta excitación.

Sin embargo no era el tipo de mujer que le gustaba. Su piel era demasiado blanca, casi fantasmal; era de muy baja estatura para él y su aspecto era de un animalito frágil. Con todo, despedía un aire autoritario y dominador.

Los mordiscos comenzaron a ser más fuertes. Y bajaban peligrosamente por su estómago, directamente hacia su pene. Terror era la única palabra que le venía a la mente, sentía terror de ella. Temía, realmente temía. Su grito llenó el aire de la lóbrega habitación...

Un golpe lo despertó de esa oscura y placentera pesadilla. Se había caído de la cama y tenía todo el cuerpo húmedo de sudor y semen. "Demasiada cerveza" - pensó y entró a ducharse.

El agua caliente lo reanimó. Ese mal sueño lo dejó con un extraño sabor en la boca. Desayunó algo rápido, se vistió y corrió al subte. El silbato del guardia anunció que se cerraban las puertas, entró precipitadamente, chocando a una persona con violencia. Por instinto la sostuvo de los codos para que no se cayera, cuando la miró bien. Era la mujer de su sueño. La misma piel blanca, los mismos ojos verdes duros como esmeraldas y el cabello de fuego. Lo observaba con una semisonrisa en los labios. Él no creía que fuera posible.

- Ya está, podés soltarme - comentó ella, con la misma voz baja y sensual.

Atemorizado, él la soltó como si su piel fuera incandescente. Sin embargo, no se movió de su lado... Algo lo atraía. El subte frenó en la estación Malabia. Él chocó nuevamente con ella. La mujer sonrió con malicia.

- ¡Estate quieto, tontito! - exclamó risueña. Él la observó con un nudo en la garganta cuando un par de afilados colmillos asomaron entre sus labios rojos, demasiado rojos...